El Cerebro de los músicos es una cosa seria

Ah, el cerebro… el procesador de información más perfecto que existe en el mundo. Windows, Mac y Linux se quedan en pañales al lado de esta maravilla de la naturaleza. 

Nuestro querido amigo ha sido estudiado por miles de científicos para descubrir sus secretos, y aun así, hay aspectos de él que continúan siendo un misterio, hasta para los más eruditos. Sabemos gracias a todos estos estudios -y a los programas de médicos guapos que pasan en la televisión- que hay máquinas que pueden mostrar cómo funciona este órgano en tiempo real mientras haces alguna tarea como leer, hablar o pensar.

Hay algunos investigadores que van más allá, y miden la actividad eléctrica del cerebro mientras se ejecutan acciones más complejas, como escribir, o correr; también observan qué áreas se activan cuando sientes alguna emoción: la alegría al encontrar desodorante en el octavo supermercado al que vas, o la tristeza cuando no ves el chicle en el fondo de tu Bati Bati (a nosotros ya nos pasó). Y hay cuestiones que representan un enigma para el ser humano, como por ejemplo el efecto que la música tiene en cada uno de nosotros.

La música no se había empezado a estudiar de forma científica, sino hasta hace poco. Esa fuerza que entra por nuestros oídos y nos sacude, sea rock, pop, punk, clásica -o cual sea tu género favorito- tiene que tener algún efecto en el cuerpo. Y más aún si la música proviene de nosotros mismos cuando componemos una canción o tenemos una idea musical. ¿Cómo se ve el cerebro de una persona que toca un instrumento o canta una melodía nueva? ¿Qué pasa por su mente en ese momento? Basta con ir a un concierto para ver cómo los músicos se inspiran y tocan espectacular; es como si entraran en un trance, hechizados por el mismo arte sonoro que sale de ellos. Entonces ¿cómo será ese trance en la maquinaria del sistema nervioso?

Los panas de TED se encargaron de explicar esto en un fantástico vídeo que no puedes dejar de ver. No es una clase aburrida de neurología; tiene comiquitas, muchos colores y la respuesta a todas estas preguntas. Les podemos adelantar que el cerebro de los músicos se parece mucho a un 31 de diciembre a las 12 de la noche, cuando el cielo se llena de fuegos artificiales. Los “matasuegras” y los “Bin Laden” se quedan cortos al lado de las neuronas de estos genios.
Ve el vídeo aquí, y compártelo con todos tus contactos -sean músicos o no- porque todos los días se aprende algo nuevo. ¡No te lo pierdas!