El enamoramiento del Venezolano moderno

Por más que uno evite el tema del enamoramiento, siempre lo vas a tener presente, Incluso si ni siquiera quieres saber del proceso, ya que te lo recuerda a diario aquel papachongo o mamachonga que te fregó la vida, o al contrario, tienes a tu lado tremendo Brad Pitt o tremenda Angelina Jolie con las características de personalidad del Dalai Lama, o en otro de los casos, tienes uno que de físico se parece al Dalai Lama y tiene la personalidad del Chavo -que en paz descanse-, pero tan simple como que lo amas tal como es.

El enamoramiento es un proceso que se ha estudiado hasta el cansancio por parte de la biología, la psicología, la sociología, y por las abuelitas de uno también. A su vez se han creado grandes obras de arte inspiradas en el caótico, hermoso y doloroso proceso de enamorarse, que vale la pena destacar unos cuantos casos locales, como Francisco de Miranda coleccionaba los vellos púbicos de sus amadas -no sé cómo meter esto aquí, no sé si es amor o algún desorden obsesivo-, Reverón tuvo a su Juanita, que se caló toda su loquera que casi siempre acompaña a los artistas, que al parecer, mientras más locos mejores son, y solo para citar un caso fuera de casa tenemos a la gran Frida Kahlo, que incluyó a su amor, Diego Rivera, en muchas de sus obras.  

Pero, ¿qué pasa con la experiencia personal? La parte más importante es la vivencia interna y propia que cada quien tiene, de haberse enamorado, o de nunca haberse enamorado; uno siempre tiene aquel pana que nunca se enamoró y dice “sí, pues, me gusta, pero no sé, yo no me enamoro, chamo. Después me voy interesando más y ya”. La televisión, las revistas y el twitter nos bombardean a diario acerca del romance, el sexo y el “coqueteo”, refiriendo información y una supuesta “guía” para el amor (tipo el arquitecto de sueños, para mayor información investíguese Walter Mercado y su guía astrológica de los signos 2015) Que está bien o que está mal, qué hacer con el tipo que nunca te para, o para saber si se está haciendo pasar por el misterioso y demás.

El enamoramiento es un misterio, un fenómeno que aparece y desaparece, es como la chikungunya, aparece en sus inicios bastante intenso e impredecible, y cuando pasa el tiempo, se va apaciguando, así como los dolores de las enfermedades tropicales. Pero en sí, ¿cómo se enamora el venezolano? ¿Dura más o menos que el promedio? ¿Qué se considera que es el romance en Venezuela? Como casi toda mi vida me la pasé en Caracas, podría hacer una cierta categorización de los tipos de enamoramiento -y como psicóloga me las doy que puedo andar inventando clasificaciones-. Si pudiese dar mi opinión no experta, diría que el Venezolano se va hacia los extremos, aquellos que no sienten nada por nadie y van por la vida como transformers, con sus armazones emocionales, rompiendo corazones, porque igual “solo fue una noche loca” como cita el filósofo Enrique Iglesias, también el sabio ex ministro y CEO de la Nasa el Potro Álvarezuna Vaina loca”, y se disocian por completo de sólo sentir placer sin romance.

Por otra parte, podemos encontrar aquellas personas que parecen sacadas de una telenovela escrita por Leonardo Padrón, donde el dolor y el sufrimiento en pleno, así como el romanticismo  en un personaje de libro de Jane Austen, pero viviendo en Gato Negro, o en el castillo “Le Chat Noir” en francés para ponerlo mejor. Aquellas personas que experimentan un romance, y a la vez viven su vida sin volverse locos son muy pocos, pero a groso modo podemos expresar el nivel de romanticismo Venezolanístico en cinco categorías:

1) El Transformer Emocional (Nivel 1-2 de romanticismo): los que no sienten, pero nada. Esos nacieron para ser libres. Se tomaron bastante en serio la soltería hasta convertirla en creencia religiosa. Son los primos que nunca se casaron, que los ves en Facebook todos los fines de semana en las fotos de rumba caracas así tengan 63 años. La relación más larga les duró lo que dura un paquete de papel toilette en una estantería del Central Madeirense.

2) La Diosa Canales – El Potro Álvarez (nivel 3-4 de romanticismo) estos aún persisten con restos del transformer, pero disfrutan en grande el placer de la seducción, y el de ser seducidos. Al menos se toman el tiempo de conocer a la presa o su objetivo amoroso, y encienden la pasión mostrando el escote en el metro, mostrando los abdominales en Twitter, Facebook y subiendo el Ávila los domingos. Las relaciones les duran lo que les dura el aceite de masajes exótico que compraron en el cementerio (un poco más que el papel higiénico).

3) Doña Bárbara – El Rey del ganado (nivel 5-6 de romanticismo) estos tienen severos encontronazos internos entre ser pasionales o negar toda emoción y entregarse por completo, y como no pueden entregarlo todo, se la pasan en un tira y encoge bien fastidioso para el amado. Son aquellos “caretabla” o los Chuck Norris que en algunas noches o por ocasiones son tan románticos, que es lo que hace que valga la pena esperar el brote amoroso. Son esa pareja de portugueses que tienen la panadería desde hace 30 años, siempre se están peleando, y al final del día se abrazan como si nada ha pasado.

4) El Galán de Arepera – La Dama Antañona (nivel 7-8 de romanticismo) estos son los hijos únicos criados por los abuelos porque los papás tenían que ir a trabajar, que los criaron en las antiguas tradiciones románticas de Armando Manzanero, mientras en la radio sonaba Britney Spears. Esta mezcolanza de ejemplos generacionales creó unos híbridos enamoradizos, que aún creen en el amor verdadero, pero se la pasan en una friendzone constante y rodeados de transformers y potros, y algunas marimares que no los entienden.

5) Marimar – tendencias pasionales irracionales vampirescas estilo crepúsculo (nivel 9-10 de romanticismo) estos son esos compañeros de trabajo que viven relaciones tormentosas por años, te llaman a la una de la mañana para llevarte una botella de cacique y hablar porque se sienten devastados, y al día siguiente se comprometieron para casarse con el ex porque así van a superar al tipo con el que estaban saliendo ayer. O aquellos tipos que se calan aquella mujer destructiva y pasan los años y siguen juntos en aquella tragedia griega que ellos consideran “amor verdadero”. Esos que casi, casi se tiran al metro cuando ven al ex o a la ex con otro/a pero no lo hacen por no tener seguro médico.


Si sientes que no encajas muy bien con alguna de estas clasificaciones, ¡enhorabuena! O no eres Venezolano, es eso, o tus padres hicieron un gran trabajo de crianza para que fueses estable emocionalmente.