La apuradera y corredera del venezolano común

Martes. 5:30 Am. Suena el despertador del celular con la canción “mesa, mesa, mesa que más aplauda, si. Mesa que más aplauda, no”. Todo está negro todavía, sientes ruidos afuera. Tu mamá está haciendo café y ese olor delicioso te anima a levantarte. No sabes dónde botaste una de tus medias mientras dormías, resulta que tu perro la está mascando en una esquina y no le importa si estás viendo el acto. Tu mamá te grita: -¡párate vale, tengo que llevar a tu abuela pal dentista, se le salió otra muela, otra vez!- tú respondes –aja- cierras los ojos un minutico y ya son las 6:32. ¡Cooooh! Te vistes, te tomas el café ya frío, te echas un gel en el pelo porque ni te lo arreglaste anoche, y te llevas la arepa fría para comértela en el camino al trabajo.

Agarras el ascensor que se tarda 4 minutos en llegar y te hace preguntarte si está dañado o que, cuando empiezas a bajar las escaleras el desgraciado llega, corres y no lo alcanzas; y la vecina viejita y refunfúñona del piso 4 que vende tortas te dice –ay mijo, vuélvalo a agarraaaaaaar yo se lo mandoooooo-. 

Ya que, a bajar las escaleras, es bueno para la circulación.  Te paras como un gafo con cara de godzilla que no ha comido a esperar el autobús. El ritmo de la ciudad se acelera. Hay nubes negras, pero sólo cerca de la montaña, ésas no vienen. Cuando empiezan el poco de gotas a caerte en el cogote y se te olvidó el paraguas. Observas a una madre con sus dos hijos, arreglándole la ropa al niño pequeño, diciéndole – ¿Qué te dije? ¡Te paras muy tarde! Ya habrá que comprarte un cachito y una chicha o lo que haya para tomar-. Un tipo vestido de ejecutivo de los 80’s llama por teléfono y dice –dile al licenciado Muñoz que voy tarde, pero estoy cerca ya. Guárdame un pastelito no seas malagradecido-. 

Te montas moneado en el autobús como orangután en cactus rumbo al metro, estás en la puerta, sintiendo el calor del gentío  enfrente, el frio en las nalgas y el viento de afuera; lees el típico “si su hija sufre y llora, es por un chofer, señora”. Y el burro que Shrek que dice “quítate de la puerta”.

Llegas al metro, aquel gentío te hace sentir un leve mareo y empiezas a pensar: Dios, así le empezó la diabetes a la tía Petra, ojalá no sea eso. Mientras esperas en cola a que pasen cuatro metros para poderte montar en uno, te lees las noticias de un señor leyendo la prensa, el asesinato no resuelto, la miss que consiguió un papel en una novela y los números recomendados para jugar en la lotería. Ya cuando te montas, el metro hizo ocho paradas fantasmas estilo Harry Potter, o para gente que trabaja en Hogwarts, o para los espíritus y portales alienígenas, porque siempre son en el medio de las estaciones sin ninguna razón aparente. Se escucha a la gente decir “ya no vamos a llegar de primeras en la cola” otra chica dice “Chama no importa, igual siempre voy a trabajar los domingos y nunca les importa”. Un señor con sobrepeso, con una chemise imitación de polo, se le va saliendo la barriga, se queda dormido encima de un bachiller que también se durmió hace tres estaciones.

Al fin llegas a las 8:45 a la oficina, corriendo por esa calle como un loco, llegas sudado, sin comer y ya tienes trabajo atrasado. Tu jefe te ve y te dice –¿qué te paso? ¿Pasó algo en la calle?- provoca decirle -¿Qué es lo que no pasa?- y respondes –hubo un arrollamiento fantasmal en ocho estaciones distintas en el metro-. No, no. Eso responde tu mente. En realidad dices –estuve indispuesto con el estómago esta mañana-; a lo que responde –bueno, ¡muévase! ¡va a tener que quedarse más tarde para recuperar el tiempo perdido!- y con eso se va con el celular por una llamada que recibió (gracias a Dios). Te sientas en la silla de madera incomoda de todos los días y respiras por un segundo y te preguntas, ¿cómo hice para llegar aquí?

Éste es sólo uno de los ejemplos de lo que vivimos los venezolanos, sobre todo los de la gran capital, a diario. Nuestro apuro, corredera y desbordamiento  físico y emocional viene dado a que siempre vamos tarde. Pero también hay varios factores que influyen a esta tardanza:

- La imposibilidad de predecir cualquier cosa que pasa en la calle. Todos los medios de transporte son impredecibles, por eso se recomienda que salgas dos horas más temprano, por ende, más cansado estarás al final de la semana cuando decides ser más responsable.

- Nuestra cultura por naturaleza es floja; pero en esto influye la desmotivación de ir a trabajar  a un sitio que no te agrada, o porque los riales no alcanzan igual, pero igual hay que ir.

- Eventos en casa; tales como que tu esposo amaneció con migraña y tú con fiebre. No hubo agua anoche y llegó a las 5 am y tienes que agarrar antes de irte para tener en la noche, o hubo una mega rumba donde el vecino que no te dejo dormir.

- El cansancio histórico (Para más información consúltese al doctor Emilio Lovera) acumulado de trabajar como una mula de carga en el Everest. Mi Madre, historiadora y ex profesora de la UCV siempre me dice “seguimos siendo los indios de hace dos siglos atrás, no tenemos que hacer nada, tenemos el clima perfecto, las frutas caen de los árboles para nosotros al piso de todos los olores y sabores, no hay recolectar, solo esperar” - tesis a considerar.

Entonces, ya basta de tanto análisis, pasemos a las recomendaciones:

- Haz las colas para comprar sólo los fines de semana, no te mates en días laborales.

- Deja el banco para el fin de semana, te vas para tu Centro Comercial favorito, como tienes 321 personas por delante y así aprovechas y vas al cine, ves una película y haces tu trámite cuando salgas.

- Aprende técnicas de relajación de Deepak Chopra, son muy útiles cuando te venga la agorafobia en el vagón sin aire, cuando robaron en la camionetica o cuando perdiste la cédula pagando en el mercado.

- No tomes agua y deshidrátate para que no tengas que ir al baño tantas veces en el trabajo y no pierdas tanto tiempo. Cuando salgas te tomas tobos de gatorade con pedialyte.

- Pega un corcho en tu cuarto con fotos de tu jefe, tu ex y todos los que te hacen arrechar día a día, compra dardos y lánzalos. Más terapéutico imposible.

- Si pasa algo en camino al trabajo que sea traumático, tómale foto al accidente, a los policías o a la marcha y se la mandas al jefe antes de que te reclame.


Por último, la vida es una sola, deja la corredera y compra manzanilla y tilo para recuperarte de las jornadas maratónicas.