Vivencias en el Metro de Caracas

Todo venezolano que utilice con frecuencia el metro ha tenido que experimentar una serie de situaciones como el lidiar con la respectiva empujadera de la hora pico en la que sientes que debiste usar protección para evitar alguna enfermedad venérea o, en el mejor de los casos, solo comienzas a sentir empatía por aquellas moscas que se estampan contra el parabrisas.

A pesar de eso, seguimos siendo fieles usuarios de este medio de transporte y nos hemos habituado a estos acontecimientos, tanto así que hice una lista de las cosas que todos hemos vivido alguna vez estando en el subterráneo – y no me refiero a la cadena de comida rápida-.

·         El arrollamiento: Por desgracia esto suele implicar la muerte de alguien que quiso que todo el resto de Caracas sufriera su pérdida, porque los retrasos que se generan con esto son bien extensos, sobre todo cuando lo hacen en horas pico. Lo más lastimoso es ser parte del grupo de personas que presenció el hecho o de los que hayan estado justo en el vagón que recibió el impacto (lo cual no le deseo a nadie, debe ser muy traumante).
·         Los pedigüeños y cantantes: antes eran una opción, ahora son una obligación y los ves en casi todos los vagones, llegando incluso a aparecer dos personas diferentes en un mismo viaje. Lo más chistoso de todo es que casi siempre son los mismos.
·         Las frenadas sorpresivas: esto no pasaba en los vagones viejos pero en los nuevos es costumbre que el chofer frene de repente y tú termines en el suelo o golpeando a alguien sin querer. Ni hablar de las manillas esas que se ruedan ¡No son funcionales!.
·         El retraso sin razón aparente: no, no es similar a aquella vez que estabas asustado por ese retraso que sí tenía razón de ser. Aquí me refiero a aquellas veces donde el metro se tarda una eternidad y jamás informan a que se debe, a lo sumo escuchas un “en breves momentos continuaremos movimiento” y eso si estas dentro del vagón porque de lo contrario, olvídalo.
·         El desalojo del tren: típico entre las 6 y 7 am, el conductor anuncia que en Plaza Venezuela (destino frecuente) el tren no seguirá prestando servicio comercial. Creo que también pasa en las tardes.
·         Equivocarte en la dirección: si estás tan acostumbrado a la rutina y estás pendiente de otra cosa, puede que te vayas dirección Palo Verde, cuando tú ibas en realidad era Dirección Propatria. Esto nos ha pasado a todos al menos una vez.
·         Pasarte de estación: suele ocurrir bien sea porque el gentío no te dejo salir, porque estabas pendiente de algún chisme ajeno o te quedaste dormido.
·         El que toca el botón rojo: a veces lo tocan por error, otras veces por ocio y también lo he visto tocar sólo porque el metro va full y cosas así –como si fuera mágico- , el hecho es que este botón de emergencia en algún momento del día va a sonar. No olvidemos que en ocasiones si suena por alguna emergencia médica o de otro tipo -entiéndase robos, peleas-.
·         Peleas entre usuarios: suele ocurrir cuando alguien empuja a otra persona y está le responde de mala gana cosas como “mejor quítate tú” o “agarra un taxi” aunque las razones para una pelea son infinitas.
·         Quedarte varado dentro de algún tramo: no sé qué opinan ustedes, pero a mí me genera demasiado tedio que esto ocurra porque considero que es preferible que se detenga cuando esté en alguna estación y así uno puede decidir si bajarse o no. Claro, en muchos casos debemos entender que esto ocurre por algún semáforo que está en rojo y que no es mero capricho del conductor (si, todas las líneas del metro tienen un sistema de monitoreo del tráfico que cuenta con semáforos).


Esto sucede debido a la falta de planificación y organización del metro. La solución es sencilla: Mejorar la puntualidad del servicio, la creación de más estaciones que abarquen un mayor número de zonas en la ciudad, aumentar la cantidad de vagones, crear medios de organización para los usuarios... JAJAJA, ¿Se imaginan?