¿Para qué sirven los chinazos?

Todos hemos pasado por ese incómodo momento. Están hablando con su grupo de panas de algo serio, un tema que puede cambiar sus vidas, una propuesta política imaginaria, su jornada laboral, un negocio que quieren montar cuando, de repente, aparece. Nadie lo ve venir, nadie lo puede evitar, llega, los coge a todos –por sorpresa- y se va. Estoy hablando, amigos míos, del chinazo.

Y, ¿qué es eso del chinazo? Es tan sólo algo que se dice, en general sin intención, que puede tener varios sentidos dependiendo de qué tan sucia sea la mente del interlocutor -o la persona con la que están hablando paja, como quien dice-. Es la típica frase impropia que sale a todo volumen justo cuando apagan la música en una fiesta, seguida de las miradas asombradas de todos los presentes, y un ataque colectivo de carcajadas. Pero no se sientan mal si les ha pasado; más pena le tiene que dar al que lo nota y te chalequea, porque ése es el que hace gala de su cabecita cochambrosa.

Sin embargo,  creo que no todo es echadera de broma con respecto al chinazo; cumple funciones sociales importantísimas. Que se los digo yo, que he estudiado el tema por años. Bueno… más que estudiado, me han chalequeado –y he chalequeado- a tantos por chinazos en mi vida que perdí la cuenta ya. No obstante, me he dado cuenta de algunas cosas:

- El chinazo funciona para romper el hielo: acaba de comenzar la rumbita o el almuerzo con tus amigos, y al principio siempre se dan conversaciones de actualización, tipo “¿cómo va el trabajo? ¿y la familia? ¿qué pasó con el plan que me contaste hace tiempo?”, y, a pesar de que en principio sean conversaciones normales, la gente no entra en confianza tan rápido. Hasta que llega el intrépido que grita en todo el medio de la reunión “¡upa! Que José metió el palo en ¿dónde?”. Y se acabó la seriedad.

El chinazo sirve para ejercitarse: ¿cuántos músculos mueve uno cuando se ríe? Eso puede funcionar para sacar tremendos abdominales y serrucharle el puesto a Misses y Misters. Siempre han dicho que la risoterapia es muy sana, ¿verdad?

- El chinazo demuestra la rapidez mental: cuando una persona hace un comentario candidato a chinazo, este puede pasar desapercibido si nadie le ve el doble sentido. Pero, hay que ser rápido para poder verlo, porque es cuestión de un momentico, y cuando alguien lo canta es porque lo vio primero que el resto. Así que sí, señores, los chinazos son tan buenos como el Sudoku o el Ginkgo Biloba.

- El chinazo aumenta el conocimiento en cuanto a salud sexual y reproductiva: hay chinazos que sólo se perciben cuando se tiene cierto conocimiento -¿o experiencia? ¡upa!- en esta materia, por lo que uno se puede culturizar. Aunque el precio por detectarlo, es que venga la pregunta más comprometedora del léxico venezolano: “Y, ¿cómo sabes tú que La Guaira es lejos?”.

- El chinazo puede aligerar la seriedad de las conversaciones: cuando un tema se pone muy álgido, siempre es bueno que se le dé un poco de pausa al asunto. Y ¿qué mejor forma que a través del chinazo? Además que dejan al que lo dijo con una cara de ponchado que los tendrá privados de carcajadas por un buen rato, lo cual le bajará la tensión al ambiente y les hará recordar que lo ideal de las conversaciones es disfrutarlas.

- El chinazo cambia definiciones de la Real Academia Española: vamos a ser honestos ¿cuántos de ustedes pueden escuchar las palabras “trío”, “huevo”, “chorizo”, “palo” sin pensar de inmediato en el doble sentido? Me atrevo a pensar que muy pocos pueden hacerlo. Una vez que entramos al mundo de los chinazos, esas palabras más nunca serán lo mismo. Y eso nos hace pensar que el chinazo tiene un poder impresionante para incluso cambiar el sentido de las palabras cuando nos volvemos adultos. Lo único malo de esto es que nos ponen en aprietos cuando queremos pedir una bandeja paisa, y la tenemos que compartir: “mira, dame chorizo y huevo ahí, porfa”.

- El chinazo une a las personas: ¿cuánta gente no ha hecho nuevas amistades en una cola luego de un chinazo? Cuentos de esos abundan. O en una multitud, cuando un orador dice algo comprometedor, y varios captan el doble sentido al mismo tiempo. La risa, los momentos graciosos, hacen que nos sintamos más cercanos a nuestros vecinos, y ¿quién sabe? De ahí pueden salir los futuros compadres de tus futuros –o actuales- hijos. Sería una tremenda historia para contar, ¿se imaginan? “Estábamos en haciendo una parrilla, entonces, ella me dijo que le diera más yuca. Cuando la escuché decir ese chinazo, yo sabía que me iba a casar con esa mujer”.

Podemos ver entonces que el chinazo, más que un simple chiste, es un estilo de vida muy sano. No tiene nada que envidiarle a Sascha Fitness ni a SoySaludable, porque la verdad es que la risa y la picardía alargan bastante la vida. Y si no la alargan, bueno, al menos nos hacen pasarla buenísimo.