Verdades y mentiras de los afrodisíacos

Vamos a estar claros, ya de por sí, comer es un placer, y si éste lleva a otro placer, como el sexo, la experiencia se hace incluso más mágica. Cuando uno se come una Reina Pepiada, una pizza a la que se le desborda el queso mozzarella o una hamburguesa con todo después de no haber comido en todo el día, es una experiencia religiosa. Incluso cuando vas a un buen restaurante o tu mamá te hizo un pasticho excelente, empiezan los sonidos de placer (ohhh, sí… - ¡Dios, pero esto sí está bueno! – mmmm delicioso), muy parecidos a los emitidos en una buena, -o fingida- relación sexual.

Hay que reconocer que seguimos siendo los mismos hombres y mujeres del Paleolítico, pero viviendo en sociedades muy industrializadas, complicadas y estresadas. Una de las diferencias fundamentales entre aquella época y la actual, es que el placer de satisfacer las necesidades está restringido por presiones externas (horarios de trabajo, como funciona nuestra cultura, incluso, el número de hijos), todo se conjuga para hacer del placer algo que quede postergado como la última prioridad del día.

Otro aspecto importante es la magnificación y sofisticación de los placeres de la vida moderna. Comer, no es sólo ingerir nutrientes y calorías, es deleitarse en algo rico y en matar antojos. El sexo no es sólo practicado con el fin reproductivo de la especie, ya es algo recreativo, pero en sí, sigue siendo una necesidad básica humana.
Las gratificaciones del Siglo XXI vienen con un menú a la carta, digitalizado y mejorado para satisfacer a todos, adaptado a las papilas gustativas y a la retina de cada individuo. Cuando escuchamos la palabra afrodisiaco, se nos viene a la mente muchísimas cosas diferentes, como los frascos que venden los santeros que huelen a matas y alcohol, casi como para revivir a un muerto; los mariscos, y la playa. Pero ya va, ¿Por qué la playa? Siempre recordamos los gritos de los tipos caminando por la arena, vendiendo todo tipo de mariscos y pescados que siempre nos da miedo comprar, no vaya a ser que nos dé una intoxicación.

Se escuchan los gritos de “el rompecolchón”, “las siete potencias”, mientras estás pensando en meterte en el agua o no. Cuando esto ocurre, hay cuerpos desnudos por doquier, así estén bonitos, feos, arrugados, lisos, la humanidad en todo su esplendor. Los altos niveles de exhibicionismo de nuestra cultura nos permiten apreciar con muchos detalles las siluetas masculinas y femeninas, mujeres en tangas o hilos, sin importar edad o profesión; panzas y embarazos cerveceros abundan en la fauna playera por igual. La conexión de la desnudez, la buena comida en la playa y el ambiente de relax hacen que todo se conjugue para evocar placeres, desde fantasías eróticas hasta gastronómicas. El comer y el amar siempre están enlazados de un modo íntimo, algo difícil de comprender para los psicólogos, sociólogos y neurólogos, que todavía no tienen la respuesta de si en realidad existen los afrodisíacos.

Sin embargo, es innegable que los afrodisíacos han existido desde tiempos remotos. La leche y la miel aparecen reseñados en papiros egipcios antes de Cristo -si, incluso antes de Cristo la gente se preocupaba de su desempeño sexual- como potenciadores del vigor sexual masculino, así como también en el libro Kama Sutra.

Los chinos han relacionado el consumo de la raíz de ginseng como afrodisíaco, y los Sajones relacionaron el consumo de vegetales en forma fálica con potenciadores de la función sexual, tales como las zanahorias y los espárragos. Aquí te dejo una reseña de los posibles afrodisíacos que puedes conseguir en el frutero, el verdulero y, con suerte, en mercal: 

- Apio:
Contiene una hormona llamada Androstenediona, la cual es una feromona que se libera con el sudor, que al parecer atrae a las mujeres;

- Ostras:
Contienen altos niveles de dopamina;

- Cambures y Plátanos:
No es sólo por parecer un falo, éstos contienen una enzima llamada bromelaína, que está asociada al aumento de la libido;

- Almendras y nueces:
Son precursores de las hormonas masculinas;

- Higos:
Contienen aminoácidos que incrementan la libido;

- Ajos
Incrementan el flujo sanguíneo de los órganos sexuales, por ende, se tiene un mejor desempeño;

Ginkgo Biloba:
Produce prostaglandinas y óxido nítrico, que Incrementa el flujo vascular a los genitales;

- Ginseng:
La misma función del Ginko Biloba.

Aunque prepares un batido con todo esto, aun hacen falta mayores investigaciones al respecto. El órgano que en realidad debe excitarse antes de que ocurra cualquier cambio en nuestro organismo es el cerebro, por eso las personas con ansiedad y depresión les cuesta mantener relaciones sexuales placenteras y/o prolongadas. La FDA (Food and Drug Administration) de Estados Unidos afirma que los afrodisíacos no existen, sin embargo, los vendedores playeros y los brujos afirman lo contrario. 
Podemos llegar a la conclusión de que hay ciertos alimentos que ocasionan la intensificación de la experiencia sexual, pero no hay un alimento en sí que sea el milagroso y poderoso hacedor de erecciones, o que sea capaz de poner a una mujer alborotada y estimulada. El Rey en la cama es el cerebro, es él quien decide qué pasa y ejecuta las órdenes para que el cuerpo trabaje para él. Espero que tengas suerte en la elaboración de batidos, tizanas o recetas de cocina para que le levantes la libido a tu novia, esposo o al levante de turno.