Reseña: Hector y el secreto de la felicidad


Basada en una novela titulada con el mismo nombre y convertida en best seller, la película nos expone la historia de Héctor (Simon Pegg), un buen psiquiatra con buenos tratamientos para sus desesperados pacientes. Sin embargo, se enfrenta a la dificultad de no poder ayudar a aquellas personas insatisfechas con su propia vida, y esto comienza a deprimirlo. Al comenzar a sentirse incómodo con la situación, una paciente le dice que debería tomarse unas vacaciones, por lo cual, Héctor decide tomar un largo viaje alrededor del mundo -menos mal que no tiene que usar CADIVI-, para investigar qué es lo que hace a la gente feliz -y triste-. Mientras viaja de París a China, y luego de África a Estados Unidos, intenta compilar observaciones y pensamientos de su autoría acerca de la felicidad, así como de otras personas que aportan a su investigación.

En tiempos recientes, se ha dado un boom en la producción de películas orientadas hacia la búsqueda de la felicidad por parte de los occidentales de primer mundo que muchas veces, teniendo todo a su favor, se ven sumergidos en crisis existenciales, en las cuales deben huir hacia otros lugares o caminos  para poder experimentar la felicidad fuera de sus fronteras nacionales. Comer, rezar y amar hace un planteamiento que “se parece igualito”, así como otras películas donde el centro es buscar la felicidad en un lugar o una cultura diferente.


Uno, siendo latino y pasando roncha, “mamando y loco”, no puede comprender el porqué de la infelicidad de los personajes principales. En la cultura norteamericana, el mundo se viene abajo por un divorcio, una depresión, o alguna enfermedad, mientras la gente del tercer mundo, debe sostener su felicidad como bandera y salir con ella a luchar día a día mientras se enfrenta a la incertidumbre, caos, complejidad y derechos humanos aplastados por la propia falta de humanidad. Además, sólo traten de imaginarse a alguien de por allá adaptándose a los toques de queda subjetivos por la inseguridad, o tratando de entender cómo es que no le dan el vuelto exacto en monedas en un estacionamiento; estoy segura de que con la misma que vino, se devolvería, y con una perspectiva muy distinta.

Por eso, creo en lo personal que el occidental debe viajar a otras culturas a percibir esas verdaderas experiencias de supervivencia, adaptación y resiliencia frente a la cotidianidad aplastante, y así valorar de una manera más realista los problemas de la vida. Lo bueno de esta película, es que el personaje principal se pone en contacto con un magnate de negocios en China -se relaciona con gente de todos los estratos sociales y culturas- lo cual lo hace más creíble en términos de investigación. Pero ahora me pregunto yo ¿será que hay que buscar la felicidad a miles de kilómetros fuera de nuestras fronteras? O ¿tan sólo está dentro de nosotros, y no lo sabemos?

Creo con firmeza en que la felicidad viene tanto de adentro como de afuera, y es un equilibrio delicado de sostener, lo cual la hace un reto a conquistar cada día. La felicidad es difícil de definir; unas personas la buscan, otras opinan que es un estado de conciencia que debes adquirir, otras dicen que es el vehículo en el que debemos transitar este loco y accidentado camino que llamamos vida. Hay muchísimos autores en el mundo de la psicología que se han dedicado a investigar la felicidad, pero considero que estamos lejos de definir el sentimiento personal y subjetivo que cada quien tiene acerca de la felicidad.

Recomiendo esta película a todo aquel en busca de la felicidad, a todo aquel que quiere seguir conservándola, a quien está deprimido y, de manera especial, a mis colegas psicólogos y psiquiatras para que se vuelvan más neuróticos en el camino para dar con este sentimiento.

Aquí les dejo el trailer para que vean de lo que hablo, y así invitarlos a crear su propia forma de ser felices. Porque a pesar de las circunstancias adversas y los problemas que se presenten, podemos encontrar la paz si la ejercitamos en cada situación de nuestra vida.