Los Wachowski llegan a la pantalla chica con Sense8


Andy y Lana Wachowski, cineastas consagrados en la cultura pop con la saga de Matrix y que han dividido las opiniones de la audiencia con V de Venganza, El atlas de las nubes y El destino de Júpiter, vuelven con una provocadora serie exclusiva para Netflix que rompe toda las barreras imaginables de las series de su género. A través de doce capítulos y con un concepto que recuerda un poco a Babel de González Iñárritu, Sense8 narra la vida e historia de ocho personas muy diferentes entre sí esparcidas en diferentes partes del mundo con una misión.

Un policía de raza blanca de Chicago, una ejecutiva de Seúl, una activista transgénero de San Francisco, un conductor de autobús africano, un actor mexicano de telenovelas; éstos son algunos miembros de este grupo tan heterogéneo que cambia para siempre cuando descubren una misteriosa conexión telepática que los une a nivel emocional y cuyo origen se revelará poco a poco mientras son perseguidos por una misteriosa organización.


De esta forma, la serie toca algunos de los temas que siempre han resonado en la obra de los Wachowski: misteriosas conspiraciones que se ocultan bajo la superficie de lo cotidiano, una muy singular mezcla entre filosofía y ciencia ficción y una implacable búsqueda a esa conexión, a esa empatía que de alguna manera une a todos los seres humanos. Hay momentos de indulgencia, como toda obra con autores tan característicos, pero estos no son necesariamente malos si uno es un fan.

El cambio de formato del cine a la televisión logra sacar lo mejor y lo peor de ellos; por un lado, con mayor libertad de tiempo y dinero para contar la historia que quieren, se siente una maduración de temas y estilos en su trabajo. Por otro, el intento de captar tal variedad de realidades en todo el mundo es una tarea que sacrifica muchas veces el avance de historias particulares, dando lugar a algunos clichés, simplificaciones y en general un desarrollo irregular o, en el peor de los casos, hacer sentir algunos de los personajes como superfluos, y hacer preguntar a la audiencia si Sense5 no sería un mejor nombre.

En general, Sense8 no es una serie para todo el mundo pero es un intento que se siente refrescante y hasta revolucionario –Nomi es la primera protagonista transgénero en un show escrito por una mujer transgénero– y que desborda mucho cariño tanto a la serie como la universalidad de las personas. Tiene mensaje, corazón y una belleza ganada a través del esfuerzo, el esfuerzo de los oprimidos, que hacen que valga la pena. Al tiempo de escribir estas palabras, Netflix no ha dicho si la serie tendrá segunda temporada; esperemos que sí, ya que Sense8 es una gran pieza que está a un par de remendadas de volverse una obra maestra.