Belleza a través de la historia


La palabra belleza en sí, es tan efímera pero a la vez hermosa, que la hace subjetiva. Lo que es bello para unos no lo es tanto para otros, y pues, como dice el dicho “entre gustos y colores, no han escrito los autores”. Sin embargo, aunque la misma es subjetiva, los estándares han ido cambiando con el pasar de los años, pero siempre ha existido un punto de referencia. Descubre aquí las épocas que han marcado la forma en que vemos la belleza.

Los Egipcios y la simbología.
Antes de Cristo, la belleza estaba muy relacionada con la fuerza y la salud. Los hombres más fuertes llegaban a reinar y las mujeres con fuerza, autoridad y salud eran veneradas. Las pieles morenas y bronceadas y los hombros musculosos eran tendencia porque demostraban resistencia. El maquillaje exagerado y los ojos grandes sobresalían, daban estatus.

La armonía griega.
La belleza de esta época la impusieron los griegos con sus rostros y cuerpos casi perfectos. Sin importar los kilos de menos o de más, lo importante era la simetría. Eran sencillos y muy naturales; el maquillaje y los colores cálidos casi no existían. Durante este tiempo el cuerpo humano era considerado arte y mientras más simétrico este fuera, más hermoso era visto.

La pureza medieval.
Lo más cercano a la pureza divina es el color blanco, así que en la era medieval la mujer u hombre de piel rubia o blanca eran asociados con la pureza y a su vez con clase. Por lo mismo, el maquillaje era muy importante, puesto que si la piel no era originariamente blanca solían pintarse el rostro, el cuello y las manos de blanco y los cachetes de rosado para emular la piel de los blancos de nacimiento. En conclusión, si no eras blanco de nacimiento, al menos debías tener dinero para comprarle las pastas que se ponían en la cara.


El equilibrio del renacimiento.
En el Renacimiento, Durero y Leonardo Da Vinci establecieron diagramas precisos para la figura ideal. La mujer debía poseer tres elementos blancos (la piel, los dientes y las manos), tres rojos (los labios, las mejillas y las uñas) y tres negros (los ojos, las cejas y las pestañas), y responder a los siete, nueve o treinta y tres cánones del cuerpo ideal.

El corsé del siglo XVIII.
A comienzos del siglo XVIII, lo pequeño y afectado es bien visto. Para poder encajar en la sociedad, sin importar su nivel social; las mujeres utilizaban el corsé, y su abuso solía provocar desmayos, hipocondrías y anemias. Para hacer que el cuerpo luciera armonioso, las caderas debían ser más anchas que los hombros, los brazos gordos, los tobillos finos, las manos alargadas y la boca pequeña. Los vestidos de la época solían llevar armadores metálicos para poder levantar las pesadas capas de telas y hacer lucir la cintura aún más pequeña y las caderas aún más anchas. Se dice que algunas mujeres de sociedad solían obligar a sus esclavos a meterse debajo de sus grandes vestidos y complacerlas a nivel sexual.

El aseo del siglo XIX.
La limpieza, a principios del siglo XIX, se transformó en una cualidad que distinguía a la burguesía del proletariado, y marcó una tendencia de belleza. El hábito de bañarse se impuso a medida que se construyeron los cuartos de baño en las viviendas de los reyes y la alta alcurnia. Como regla, los pies debían lavarse cada ocho días; el cabello cada dos meses, y los dientes una vez por semana.


Cirugías estéticas.
En 1919, Francia introdujo la cirugía estética y las actrices de la época se transformaron en modelos a seguir. El lifting, la eliminación de las patas de gallo y la liposucción de papada se convierten en las operaciones más frecuentes. Durante la época, los salones de belleza fueron visitados por miles de mujeres, y la dolorosa depilación de las axilas con llama de vela se sustituyó por el aún usado afeitado.

Lluvia de estrellas.
En 1935 se pone de moda el tener aspecto juvenil. Las actrices de Hollywood representaban la belleza ideal, las mujeres lucían un rubio platinado y ondulado como estilo de cabello, labios carnosos como los de Marilyn; y cejas altas y dibujadas en arco como las de Sophia Loren.

A mostrar las piernas.
Coco Chanel fue la precursora del bronceado, y diseñó trajes de baño que dejaban ver las piernas.  Estuvieron de moda las pieles cobrizas y a partir de 1930 se impusieron las uñas pintadas.

Los 80 y los 90.
En la década de los 80s, la imagen de la mujer ejecutiva y trabajadora causó furor, y la belleza se convirtió en un hecho social. Mientras más trabajadora y capaz de valerse por sí misma fuese la mujer, más atractiva era para el hombre. De igual forma, la moda iba alineada con el grupo al que se perteneciera -punk, yuppie, rocker, tecno-. En los 90s, la belleza fue más natural, cuidada y equilibrada.


Nuevo milenio.
Según el doctor Devendra Singh, de la Universidad de Texas, la atracción que despierta una mujer se puede medir con una fórmula que denominó “coeficiente de atracción física”. Y el resultado se obtiene al dividir el perímetro de la cintura entre el tamaño de la cadera. Singh sostiene que el ideal es una cintura de 70cm y una cadera de 90. Por lo que Barbie (54cm) y las misses (60cm) no son perfectas.

Los bonitos.
Estudios realizados en diferentes universidades del mundo sugieren que la gente bonita es más exitosa, gana más dinero y tiene más posibilidades de conseguir trabajo. Y una investigación realizada en la Universidad de Nuevo México demostró que los hombres prefieren a mujeres con piel suave, ojos grandes, cabello frondoso, cuerpos curvilíneos y labios gruesos, ya que para ellos, son indicios de buena salud y fertilidad.

Volvemos a lo mismo, la belleza es subjetiva. No sé, yo no soy psicólogo, pero debo admitir que hay gente que sí es más bonita que otras -porque para mí la belleza es balanceada por la personalidad- pero también hay gente más atractiva, y Dios nos dio los ojos para ver. Sólo para ver. Igual aquí tienen un video creado por Buzzfeed que demuestra como la belleza evolucionó/cambió con el pasar de los años.