Perros o gatos: ¿Cuál es mejor?


Una de las rivalidades más pronunciadas de la historia… está ahí arriba junto con Magallanes versus Leones, comunismo versus democracia, Marvel versus Capcom -o D.C-, Mickey Mouse versus Bugs Bunny, o sentido común versus lo que sea que esté pasando en el mundo hoy en día. Muchas de estas son más que obvias –Magallanes, papá-, sin embargo, esta pelea peluda entre el mejor amigo del hombre vs los antiguos dioses egipcios está muy reñida. La adoración hacia perros y gatos ha inspirado a la humanidad desde sus inicios, y es normal que uno se incline hacia alguno de ellos, pero si desean saber alguito acerca del némesis de su mascota preferida o quieren buscarle un amiguito, esto tal vez les ayude un poco.

Comportamiento.


Ambos animales son domésticos. Sin embargo, el comportamiento de cada uno es marcadamente distinto. Esto se debe a la forma en que se domesticaron.

El perro es el animal domesticado más antiguo. Los humanos domesticaron al lobo desde la edad de piedra; algún cavernícola visionario vio que uno de los lobos que lo atacaba era más curioso y decidió darle comida, hacerle “cariñito” y criar a los bebés para luego repetir el proceso. La evolución y supervivencia del hombre está entrelazada con este animal, y sin los caninos no se hubiese llegado a donde estamos hoy.

Los gatos no fueron domesticados por humanos, ellos se adaptaron. Los gatos monteses -que son más o menos como gatos, con la excepción que parecen estar en esteroides-, vieron que eran tolerados en asentamientos humanos, puesto que se comían las ratas que esparcían enfermedades, arruinaban cosechas y se comían a las gallinas. Luego, fueron adecuándose a una vida casera, sin que eso dejara de hacerlos los depredadores más efectivos de la naturaleza.

Esta pequeña diferencia les da a los gatos su carácter más independiente. Claro, a esta regla general se le aplican ciertas excepciones. El gato de sabana, por ejemplo, es un cruce entre un gato doméstico y un serval -gato salvaje africano- y tiene una actitud que se asemeja a la del perro. Son más apegados con sus dueños por alguna razón extraña que no logro comprender, son más fáciles de entrenar y cosas así. Asumo que, si me dedico a investigar razas de perros, deben haber algunos que demuestren tendencias más felinas -supongo que algún tipo de Akita-.

Lenguaje corporal.


En esta categoría es fácil distinguir a gatos y perros: hacen justo lo contrario. Bueno, no siempre, pero un ejemplo que casi es ley es que, si tienes un perro y se te acerca con la cola meneándose, te pondrás a jugar con él, “amapucharlo” y hablarle como si fueses un bebé, por lo que esa es su forma corporal de pedir afecto. Si ves a algún gato meneando la cola por favor no le hagas eso, es todo lo contrario: están estresados y no quieren jugar. Un perro con boca abierta que asemeja sonrisa está feliz, un gato con boca abierta está comiendo o enseñando los dientes para que te alejes. Un perro patas arriba dando la barriga al cielo demuestra sumisión y permitirá que le hagas cariño, mientras que los gatos se ponen patas arriba cuando van a pelear, ya que les permite usar sus fuertes patas traseras para arañar. Un perro con la cola apuntando hacia arriba demuestra dominancia, está delimitando su espacio y hay que tener cuidado; un gato con la cola apuntando hacia arriba está siendo amistoso, curioso y quiere acercarse.

Alimentación.


Sin ir muy lejos, el gato es carnívoro, necesita carne -en caso de que no tenga gatarina-. El perro se ha acostumbrado a una dieta que acepta más almidón, por ende procesan mejor las harinas y también comen vegetales y frutas –además de un zapato ocasional-. Eso sí, a ambos les gusta el chocolate, pero no deben darles eso ya que es pesado para su hígado.

Visión.

El gato ve en infrarrojo. El perro tiene detector de movimiento. Ahí pueden ver la razón por la cual los perros persiguen cualquier cosa que lances o por qué el gato de tu tía se queda viendo una esquina fijamente.

Pensamientos.


Para terminar esta guía básica, quiero dejar un pedazo de información que me pareció muy interesante. ¿Les ha pasado que un perro los ve y se pone a saltar, meneando la cola todo emocionado? Pues está comprobado que en su mente se activa una parte del cerebro que, al ser comparado con el cerebro humano, se dispara cuando vemos algo hermoso. Así que pueden sonrojarse cuando esa pelota de pelos se acerque a ustedes saltando, ladrando y meneando la colita porque está pensando “¡Oh Dios! ¡Qué bello! ¡Llegaste! ¡Te quiero!”.

Por otro lado, se demostró que nuestros amigos felinos ven a sus dueños como “un gato más grande no hostil”. Eso quiere decir que los ven como iguales, pero a mi parecer, el dueño es un gato más grande no hostil que le atiende la casa, así que no son iguales, somos sus sirvientes. Podemos ver de nuevo la actitud tan distinta entre ambas razas.

Estos dos rivales, a pesar de lo que pueda decir la sociedad, se logran hacer muy amigos y hacen hermosas parejas. En lo personal, me considero una persona de perros. No significa que no me gusten los gatos, me parecen fascinantes y puedo verlos por horas y horas, pero hasta que no pueda salir a pasear con un gato sin que me deje solo, o que se deje hacer cariño sin correr el riesgo de perder el brazo, me quedo con mi enana canina. A fin de cuentas, por lo único que se pelean estas mascotas, es por nuestro corazoncito.