¿Cómo redondear la cabeza?



Si bien es cierto que nuestras cabezas lucen “redondas”, hay quienes en realidad tienen un cuadrado como corona. Se encierran en sus pensamientos, sus ideales y realidades y no permiten moldear su cerebro al día a día. Yo no soy psicóloga, ni nada parecido, pero lo que sí soy es humana.

Tengo ojos y oídos, que gracias a Dios funcionan a la perfección, y me han ayudado a cada día ser más y más real. Me han permitido escuchar y apreciar a los demás, así como madurar; dentro de lo que cabe -aunque sigo esperando a ser más adulta para, por qué no, cambiar de nuevo mi manera de percibir las cosas-. Y aunque yo no quiero que seas como yo, y tú no querrás ser como yo, aquí te cuento un poco cómo puedes moldear tu cabeza para volverte más flexible y ser, tal vez, un mejor humano.

Si quieres entender algo o a alguien, observa. Tómate un tiempo y siéntate a ver las cosas. Observa con detenimiento cómo se mueve el mundo, cómo las personas reaccionan, cómo sus rostros cambian cuando algo les concierne o no, cómo lucen cuando sienten poder y cuando se sienten subordinados. Presta atención a cómo se ve el día, ¿está nublado?, ¿está soleado? Y pregúntate si esto te afecta, o afecta a alguien cercano a ti.

Si te fijas bien en algunas de estas cosas, o en muchas más que se te irán presentando, podrás generar una opinión al respecto. Podrás entender por qué muchas cosas pasan o pasarán, y si está en ti, podrás ayudar a que sucedan o ayudar a evitarlas. Pero nunca voltees la mirada cuando ya viste que algo desagradable ocurre, eso no te hará mejor persona, solo quedarás en el mismo lugar.

Si quieres aprender de algo o de alguien, escucha. Detente un momento, baja la velocidad de tu día y escucha. Existen tantos sonidos en el mundo, y nosotros no les prestamos atención para nada. Yo no digo que andemos por la calle contando cornetazos o cantando con cuanta ave veamos, porque vamos a perder el paso del semáforo; pero si notamos que un compañero de trabajo se queja siempre de lo mismo, si un hijo suspira con temor cuando le nombras algún amiguito o algún profesor, si tu carro hace un ruido diferente, si tu cuerpo emite un sonido nuevo, ¡Alerta! Es momento de actuar, porque tu colega puede estar a punto de renunciar, tu hijo probablemente esté siendo maltratado en la escuela, tu carro necesite algún repuesto, y tu cuerpo se esté acercando a un colapso.   

Si quieres que alguien te entienda y aprenda de ti, habla. Espera el momento indicado, no interrumpas a nadie –porque todos tenemos el derecho de opinar- pero hazte escuchar. En el mundo existen muchas cosas justas e injustas, cosas que te gustan, cosas que no, cosas que dejas que pasen  y cosas que no. Levanta tu voz y di lo que piensas. Y en ocasiones, hazte una capa con teflón y deja que lo que los demás piensen te resbale. No todos pensamos u opinamos igual, pero todos tenemos voz.

No te calles, y si crees con firmeza en lo que piensas, entonces ¡GRITA!, cuéntale a todos, pero siempre, siempre ten un argumento. Cuéntales qué entendiste y qué aprendiste y porqué ahora quieres que todos te entiendan y aprendan de ti. Solo en ese momento estarás dando una opinión realista, y todos te observarán, escucharán y repetirán tus palabras.