¿Estás deprimido? Averígualo aquí


Sé que la palabra depresión no es algo común para nosotros, es más, cuando escuchamos que alguien dice estar deprimido no le prestamos atención y en ocasiones hacemos bromas al respecto. Muchos suelen pensar que no es un malestar, sino una excusa. Algunas personas incluso usan el término cuando en realidad sólo tienen una tristeza pasajera. Pero la realidad es otra, la depresión es una enfermedad, y grave. Aquí queremos hablarte un poco sobre su definición, causa y prevención.

La palabra depresión proviene del latín depressio que significa abatido o derribado. Se trata de un trastorno emocional que hace que la persona se sienta triste y/o desganada, experimentando un malestar interior y dificultando la interacción con su entorno.

Para la medicina, es una enfermedad grave que en la mayoría de los casos suele ser hereditaria. La misma, de ser así, se desarrolla sin ningún indicio. El paciente se puede sentir mal, triste, o desganado sin razón aparente. 

Sin embargo, según la psicología, la misma se define como un trastorno, y se manifiesta a partir de una serie de síntomas que incluyen cambios bruscos del humor, irritabilidad, falta de entusiasmo y una sensación de angustia que trasciende a lo que se considera como normal.

Entre los síntomas se encuentran:

Un estado anímico bastante irritable, desmotivación para hacer las actividades habituales, insomnio, aumento o disminución brusca del apetito, estrés, cansancio, sentimientos autodestructivos y de culpa, sensaciones de soledad absoluta y desesperanza, entre otros. Lo clave del asunto es que estos indicios se quedan por varios días, es decir, no son pasajeros.

Es importante resaltar que uno de los síntomas más nocivos de la depresión es la disminución de los sentimientos de autoestima, lo que desencadena complicaciones en la interacción social. 


Tipos de depresión: 

Trastorno depresivo mayor: Este es el diagnóstico oficial de la depresión según los manuales de diagnóstico de psiquiatras y psicólogos. Aparecen todos los síntomas antes mencionados, en episodios con duración de dos semanas en adelante.

Depresión posparto: Luego de dar a luz, algunas mujeres caen en un pozo profundo de amargura y tristeza. Lo más riesgoso de este tipo de depresión es que la madre suele sentir cierto rechazo hacia su hijo, por esta razón es muy importante que estas mujeres reciban tratamiento.

Trastorno disfórico premenstrual: Los síntomas aparecen una semana antes de la menstruación y se diluyen una vez que se ha terminado. De permanecer, es importante visitar a un especialista. 

Trastorno afectivo estacional: Es común durante el invierno, o las estaciones de frío, y podría explicar en cierta medida por qué en algunas ciudades donde rara vez sale el sol hay tantos casos de suicidios. 

Trastorno bipolar: Si bien no se considera que sea un trastorno depresivo como tal, está muy relacionado al mismo, ya que esta condición pasa por episodios de manía –es decir, la gente siente que puede comerse al mundo, haciendo cosas muy arriesgadas como apostar todo su dinero y sus pertenencias en un caballo de carreras- alternados con estados de depresión. 

Se cree que sus causas pueden ser semejantes. En algunos casos la depresión, así como la bipolaridad, son debidas a causas genéticas, trasmitidas de padres a hijos o por experiencias traumáticas durante la infancia que hayan sido mal canalizadas.

Distimia o trastorno distímico: Este trastorno puede ser explicado como un estado depresivo menos grave en intensidad, pero más permanente. Es decir, el estado de ánimo base de la persona siempre va a ser triste, aunque no sea muy intenso, por lo que vemos a estas personas en estado melancólico todo el tiempo.

Tratamiento.

Existen varias formas de tratar la depresión, siempre teniendo en cuenta cuáles son las causas que la provocaron y qué carencias tiene en la persona que la sufre. Pero, de todos modos, debe contar con un comportamiento activo del paciente, es decir, debe colaborar para poder mejorar. Por lo general suele incluir sesiones de terapia con un psicólogo. En casos extremos que ameriten medicación, con un psiquiatra. La diferencia entre ambos es que el psiquiatra tiene facultad para prescribir medicamentos de ser necesario, mientras que el psicólogo se especializa en la terapia verbal.

Como prevención contra este trastorno, los médicos recomiendan que se duerma de forma adecuada, se lleve una alimentación nutritiva, se realicen ejercicios diarios, se eviten los consumos de alcohol y drogas, y sobre todo, que se pase tiempo rodeado de personas queridas compartiendo experiencias positivas.