Lo que hay que decirle a las princesas de Disney


Disney es un imperio cinematográfico y de entretenimiento en general, todos crecimos viendo sus películas, cantando sus canciones y haciéndonos la ilusión de ser como las perfectas princesas que representan a la marca de Mickey, pero no todo es como nos lo pintaron y estas son las cosas que hay que decirle a las princesas de Disney:

Blancanieves: Cariño, estás pasada. Primero que nada, eres tan hermosa, que te quieren matar. Tu piel blanca como la nieve te hace la más hermosa del reino; eso me ilusionó, porque yo soy igual que tú, blanca como la nieve. Pero claro, tu película se estrenó hace 80 años; tiene sentido que las modas hayan cambiado, y que ahora por mi color de piel, reciba comentarios como: “la playa es gratis, chama”. No importa, Blancanieves, en serio. Entiendo, tú eres la más hermosa del reino, tú eres la que puede ser blanca como la nieve y vivir con 7 hombres sin ser juzgada. Tranquila, no pasa nada. Igual, gracias por enseñarme una lección valiosa de vida: no le aceptes nunca una manzana a un desconocido

Cenicienta: Te toca a ti. Tu vida no fue fácil, esa te la dejo pasar. Con una madrastra y hermanastras como las tuyas, no se necesitan enemigos. Y, realmente, esto no es culpa tuya, pero qué decepcionante fue sentarme a llorar, esperando que llegara el Hada Madrina, para que transformara la auyama que había en la cocina en un carro, pero ¿adivinen qué? No sucedió. También juraba que si dejaba mi zapato botado, como tú, el chamo que me gustaba lo recogería, y me buscaría hasta conseguirme, devolverme mi zapato y pedirme el empate. Pero, tampoco sucedió. Gracias, Cenicienta, irme de la fiesta semi-descalza y perder uno de mis zapatos favoritos fue en vano. Ah, y por cierto, la idea de dejar a unos ratones encargados de hacerme un vestido, tampoco va.

Aurora: Tampoco te culpo. No es culpa tuya que la loca de Maléfica llegara de arrocera a tu bautizo, furiosa porque no la invitaron, y te hechizara. “Claro, mija, ¿quién te va a invitar? Si cuando vienes lo que haces es hechizar a la pobre bebé y arruinar la fiesta”. Me siento mal por ti y todo, Aurora, eras solamente una bebé recién nacida cuando la cuaima esa te hechizó. Pero, chama, te pasaste, al hacerme pensar que podría despertar tan bella y perfectamente peinada, y, ya va, ¡no hablemos del aliento! Claro, seguro tú dormiste y despertaste con aliento a menta fresca, pero eso ni yo, ni nadie. ¿Sabes qué más, Aurora? Además de todo esto, nadie es una “Bella Durmiente”, el ser durmiente te quita lo bella, de una.

Ariel: Ay, Ariel. No sé ni por dónde empezar contigo. Primero que nada, me dejaste queriendo ser sirena. ¿Existen? ¿No existen? Soñaba con ser una… o bueno, ok, todavía lo hago. Ahora bien, siguiente punto, ¿qué rayos ese cabello tuyo? ¿Tú quieres que yo me crea que ese color rojo vivo es natural? En serio, Ariel, ahí sí te fuiste de palos, me diste expectativas demasiado falsas sobre el pelo mojado, tú salías del agua, y tenías esa cabellera voluminosa y espectacular que se movía con el viento. Y eso no es todo, niña sirena que no quería ser sirena, ¿cómo haces que un hombre se enamore de ti sólo con cantarle? Yo hago eso, y lo espanto. Pero más allá de todo esto, Ariel, eres lo suficientemente bella y carismática para enamorarlo SIN PODER HABLAR, ¿quién puede hacer eso? Y niña, otra cosa, a los 16 años no eres ninguna “adulta” y tampoco es edad para independizarte y huir de casa con un desconocido ¡loca! 

Bella: A ti te tengo que agradecer en parte. Me enseñaste que ser inteligente, leer y tener una opinión propia, es algo que también te hace ser bella, más que tener una cara bonita. Gracias por eso, Bella, eres una princesa ejemplar realmente. También me enseñaste, cuando te enamoraste de la bestia, que lo importante son los sentimientos y no el físico. Ojo, no te salvas del todo, tienes que ver la cara que puso la gente la vez que intenté hablar con esa taza en aquel restaurante, pero bueno, no todo puede ser perfecto. Igual, gracias por las enseñanzas, Bella.

Jazmín: Tampoco tengo mayor problema contigo. Pero sí ando un poco picada, porque tú con ese cuerpazo que tenías para andar en crop top a cada rato, mínimo debiste habernos dicho qué dieta y qué ejercicios estabas haciendo, ¿abdominales? ¿Mucho cardio? Capaz no quieres compartir tus secretos. Lo mismo con el cabello, ¿qué producto usas para tener tanto volumen? Bueh, no importa, igual seguro lo que sea que utilices, no se consigue aquí en Venezuela. Ah, y también, un tigre de mascota; lo hiciste ver tan brutal… pero si se me hubiera ocurrido tener uno también, capaz no estaría aquí escribiendo esto.

Pocahontas: Te aplaudo. Te levantaste a un catire inglés bello, le enseñaste a descubrir “colores en el viento”, y armaste tremendo rollo entre los pueblos. Todo iba bien hasta ahí (excepto por la gran mentira del cabello, otra vez). Pero ¿por qué tuviste que acceder a hacer esa otra película? Claro, queríamos saber si John Smith se murió o no. Pero, nos enteramos de que sigue vivo, ¿y te vas con otro hombre? No, chama, John Smith no se casi-murió para que tú lo reemplazaras así tan feo. De paso, esa película es terrible. Lo siento, amiga, pero tú te lo buscaste, tú sabes que dejando de lado Peter Pan, lo de Disney NO son las secuelas, así que tú sabías en lo que te estabas metiendo. Reflexiona, Pocahontas.

Mulán: Tú eres admirable. Te felicito, ¿disfrazarte de hombre e ir al ejército por tu padre? En tu película no hubo un solo hombre que pudiera quitarte el papel de heroína. Pero además de eso, te agradezco que hayas demostrado que no todas las mujeres somos frágiles florecitas perfectas, que están esperando que un hombre las rescate. Te agradezco por mostrar que, a veces llegamos tarde. Que, a veces uno hace trampa, se escribe una chuleta en el brazo, e igual sale mal. Gracias por ser una princesa de Disney imperfecta, pero al mismo tiempo, una badass total.